2.2. Coplas de los pecados mortales
Centrándonos ya en las Coplas de los pecados mortales o Debate de la razón contra la voluntad, señalaremos que es una composición formada por ciento seis coplas de arte menor con versos octosílabos que responden al mismo esquema métrico (abbaacca), excepto en quince ocasiones en las que el esquema métrico sería ababbccb, una cuestión que se analizará detalladamente en el apartado 3. Desde el punto de vista temático, se trata de una batalla dialéctica entre dos enemigos enconados e irreconciliables, pues se enfrentan, en una disputa alegórica, la Razón (de inspiración cristiana y divina) contra la Voluntad, la cual es presentada como un ser monstruoso con siete caras que se corresponden con los siete pecados mortales. Tras una breve introducción en la que el poeta invoca a la musa cristiana y rechaza a las paganas, son presentadas las contendientes de este debate y, a continuación, se produce el intercambio dialéctico entre la Razón y cada uno de los pecados representados por las diferentes caras de la Voluntad. Lamentablemente, este intercambio dialéctico incluye únicamente a los cuatro primeros pecados capitales, a saber, la Soberbia, la Avaricia, la Lujuria y la Ira. La obra concluye con los últimos argumentos de la Razón contra la Ira de modo abrupto por la muerte prematura del autor, sin que podamos conocer el enfrentamiento de la Razón con la Gula, la Envidia y la Pereza. Obviamente, se trata de una obra inacabada que, previsiblemente, habría sufrido muchas modificaciones antes de mostrar su forma definitiva, a pesar de lo cual tuvo un éxito incuestionable, tanto por su presencia en multitud de cancioneros de la época como por el hecho de que hubo hasta tres continuaciones de tres autores diferentes (Gómez Manrique, Pero Guillén de Segovia y fray Jerónimo de Olivares).
No sabemos con exactitud cuándo comenzó Mena la redacción de las Coplas, pero sí sabemos que fue su última composición y que no pudo acabarla por su óbito (casi todos los testimonios conservados con la obra en los que hay una continuación indican que la misma se produce por el fallecimiento de Juan de Mena). También sabemos que, según se deduce del contenido de las primeras estrofas, nuestro autor sentía que llegaba al final de su vida (“estas canas que me niegas/estas rugas sin virtud (…) joyas son que nos envías/ tú, muerte, quando te llegas”) y se replanteaba un cambio en su forma de entender su relación con la literatura (“non se gaste más pavilo/ en saber quién fue Pegaso (…) juzgando reçibe Dios/ más la obra que el estilo”). Todo ello ha llevado a la crítica a pensar que cuando comienza a escribir las Coplas, posiblemente “estamos a unos doce años del Laberinto” como indica Lida de Malquiel (1950:110), es decir, en los últimos años de su vida.

